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- Directores en primera línea, pero sin voz plena
- Desacuerdos con los sindicatos y valoración del acuerdo de mayo
- La inclusión: buenas intenciones y dificultades en el aula
- Plazas perfiladas y el futuro de los proyectos singulares
- Plantillas obsoletas y la aspiración a la codocencia
- Nuevo canal de diálogo con la Administración
Los equipos directivos de los centros públicos han vivido este semestre en una posición incómoda: entre la administración y el profesorado, y con las familias pidiendo soluciones en pleno conflicto. Sus demandas combinan reivindicaciones organizativas —como un nuevo cálculo de plantillas— y preocupaciones pedagógicas, sobre todo en torno a la implantación de la **escuela inclusiva**.
Directores en primera línea, pero sin voz plena
Los responsables de centros aseguran haber recibido apoyo mayoritario de las familias, aunque reconocen la tensión que generan las huelgas y la necesidad de cubrir servicios mínimos. Esa situación ha dejado a muchas direcciones sintiéndose “en medio”: con responsabilidades administrativas y al mismo tiempo comprometidas con la labor docente.
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Ante esa presión, se han organizado por su cuenta. En Barcelona, por ejemplo, surgió una asamblea de directores que ya cuenta con portavoz y con la que se busca plantear propuestas propias, fuera de los cauces sindicales tradicionales.
Desacuerdos con los sindicatos y valoración del acuerdo de mayo
Los directores no siempre coinciden con el relato sindical. Señalan que, en algunos puntos, los sindicatos no respaldan sus peticiones, especialmente las relacionadas con la capacidad de elegir profesorado adaptado al proyecto del centro.
Respecto al último acuerdo alcanzado en mayo, la lectura desde las direcciones es mixta: valoran positivamente que contemple medidas para la inclusión, con la previsión de **6.400 dotaciones nuevas en cuatro años**, pero creen que quedan retos por resolver en su aplicación.
La inclusión: buenas intenciones y dificultades en el aula
La implantación del decreto de escuela inclusiva genera expectativas y recelos. Desde los centros explican que la norma plantea un marco deseable, pero que su despliegue ha arrancado sin los recursos suficientes, lo que dificulta su correcto desarrollo.

En la práctica, existe preocupación por alumnos que requieren atención continuada individualizada. Los directores recuerdan el papel de los **Equipos de Asesoramiento Psicopedagógico (EAP)** y de recursos como las **SIEI**, pero subrayan que no siempre se logra la interacción necesaria entre todo el alumnado.
También advierten que algunas familias presionan para que sus hijos asistan a la escuela ordinaria amparándose en el decreto, lo que puede provocar diagnósticos de menor gravedad y complicar la respuesta educativa adecuada. Como resultado, la convivencia y la sostenibilidad del trabajo docente se ven afectadas en casos de alta afectación conductual o problemas de salud mental infantiles, cada vez más frecuentes.
Plazas perfiladas y el futuro de los proyectos singulares
Una de las críticas más repetidas por las direcciones ha sido la eliminación de las plazas perfiladas y de las entrevistas que permitían seleccionar a profesorado con competencias específicas para proyectos concretos. Según denuncian, la aplicación del acuerdo de país implicaría pasar de un alto porcentaje de plantilla perfilada a apenas un 3%.
Las direcciones insisten en que no reclaman cobertura de estas vacantes por interinos de forma automática; aceptan que sean ocupadas por funcionarios, siempre que exista un mecanismo (entrevista, oposición u otro) que garantice la idoneidad de la persona y, por tanto, la calidad del proyecto.
Plantillas obsoletas y la aspiración a la codocencia
Un reclamo recurrente es la actualización del cálculo de plantillas. Los directores consideran que los criterios vigentes, heredados de 1994, ya no responden a la realidad actual del aula.

Como alternativa reclaman modelos más flexibles, entre ellos la extensión de la **codocencia**, una fórmula que permitiría mayor acompañamiento en el aula y una mejor respuesta a la diversidad. Para muchos sería la solución ideal, aunque su despliegue exige planificación y recursos.
Nuevo canal de diálogo con la Administración
El Govern, según explican las direcciones, ha comenzado a abrir espacios de trabajo más participativos. Aunque las direcciones no forman parte de la mesa sectorial como agente social, se han creado grupos de trabajo paralelos en los que aspiran a aportar información y tomar parte en decisiones.
El objetivo declarado por estas agrupaciones es salir del ciclo de confrontación permanente y avanzar en propuestas de largo plazo que atiendan a profesores, familias y centros por igual.
Prioridades que marcan las direcciones
- Actualizar el cálculo de plantillas para reflejar la realidad del aula actual.
- Proteger y mantener proyectos singulares mediante criterios de selección que garanticen la idoneidad docente.
- Garantizar recursos suficientes para que la escuela inclusiva funcione en la práctica.
- Participar en grupos de trabajo que permitan a las direcciones influir en las políticas escolares.
De cara al curso 2026-2027, la petición es simple y repetida: dejar de vivir en la tensión continua y pensar con más perspectiva. Piden que se escuche a profesorado, equipos directivos y familias, y que las decisiones se orienten a soluciones sostenibles en el tiempo.












