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La Conselleria de Salut de la Generalitat de Catalunya ha actualizado su guía sobre salud digital tras revisar casi 700 estudios internacionales. El documento alerta de que el acceso prematuro al teléfono móvil y otras pantallas entre la infancia y la adolescencia está muy extendido y plantea riesgos concretos para la salud física y mental de los menores.
Riesgos en la infancia
El informe subraya que muchos niños de primaria ya usan smartphone: el 51,6% de los alumnos catalanes de este tramo dispone de uno. La edad media en la que los jóvenes entre 10 y 20 años reciben su primer móvil es de apenas 10,8 años.
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Según la subdirectora general de Addiccions, VIH, ITS i Hepatitis víriques, Lluïsa Conejero, el acceso a pantallas entre los 7 y 11 años se asocia con problemas como miopía, sobrepeso, caries y dificultades en el aprendizaje. También aparecen alteraciones del sueño y malestar emocional que, en casos, pueden dejar secuelas duraderas.
Un hallazgo que sorprendió a los autores del estudio es la relación entre el uso de pantallas y la aparición de caries. Conejero señala que esto está vinculado al consumo de bebidas y alimentos azucarados mientras se mira la pantalla.
Exposición antes de los seis años
La exposición aún más temprana —entre los 0 y los 6 años— conlleva riesgos añadidos. La revisión de la Generalitat indica que ese contacto precoz puede provocar retrasos en el desarrollo del lenguaje y en la motricidad, además de dificultades en la percepción de la realidad.

«En esta etapa es importantísimo trabajar la relación real entre los padres y los hijos más allá de las pantallas», advierte Conejero, y añade que las consecuencias no se limitan a la niñez: «te las llevas puestas como una mochila para el resto de tu vida».
Riesgos en la adolescencia
El smartphone está prácticamente generalizado entre los adolescentes. En la etapa de la ESO el 92,8% de los alumnos posee un dispositivo y el 92,5% tiene al menos un perfil en redes sociales; el 75,8% ya dispone de tres perfiles o más.
El Departament de Salut señala que el uso de redes sociales preocupa especialmente: un 34% de los jóvenes de 14 a 18 años presenta pérdida de control sobre el tiempo de uso o siente ansiedad si no puede conectarse. De media dedican 4,8 horas diarias a internet por ocio entre semana y 6,7 horas los fines de semana.
Los videojuegos también tienen presencia alta: juega a ellos el 84,9% de los jóvenes —un 97% entre chicos y un 72,8% entre chicas—. Más de la mitad de los chicos dedica más de dos horas diarias, frente a una de cada siete chicas. Los indicios de posible adicción alcanzan el 10,7% en chicos y el 2,2% en chicas.
El uso intensivo de redes y pantallas se asocia, según la guía, con una reducción de la atención, menos interacción cara a cara y diversos problemas de salud mental. Además, existen riesgos para la intimidad y la privacidad de los menores; en ese contexto la Unión Europea ha optado por restringir el acceso a las redes sociales a menores de 13 años.
Qué condiciona el impacto
La gravedad de los efectos no depende solo de las horas de pantalla. La subdirectora Conejero recuerda la importancia de los llamados determinantes sociales y digitales de la salud: el contexto familiar, las condiciones de vivienda, el nivel educativo de los progenitores y sus competencias digitales influyen en la vulnerabilidad de los menores.
También hay un factor tecnológico: algoritmos y diseños de aplicaciones están pensados para captar la atención de usuarios jóvenes y pueden favorecer patrones adictivos.
Actualizar la guía y medidas en marcha
Los datos recopilados por la Generalitat han servido para actualizar la guía titulada Les tecnologies digitals a la infància, l’adolescència i la joventut, publicada por primera vez en 2022. El objetivo declarado es reforzar «la ciencia de la prevención» frente a los riesgos identificados.
Entre las medidas ya vigentes figura la prohibición del uso de móviles en colegios e institutos, implantada desde el curso pasado. La conselleria seguirá evaluando si esa restricción y otras acciones de prevención logran mitigar los efectos negativos detectados.











