La neuroeducadora Tania García propone otra forma de acompañar a los niños en sus emociones

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Tania García, que se presenta como neuroeducadora, lanzó una advertencia que cuestiona una práctica extendida entre familias y escuelas: «Que no te engañen, no hay que enseñarles a los hijos a gestionar sus emociones». La frase vuelve a poner sobre la mesa cómo hablamos con los menores sobre sus sentimientos y cuál debe ser el papel de adultos y docentes.

¿Qué implica esa afirmación?

Con su advertencia, García cuestiona la idea habitual de transmitir a los niños técnicas para «controlar» o «gestionar» sus emociones como si fueran tareas mecánicas.

Niño dibujando caras con distintas emociones en clase
Ejemplo de cómo enseñar a identificar emociones nombrándolas.

La palabra gestionar puede entenderse de formas muy distintas: desde aprender a identificar emociones hasta imponer control sobre ellas. Ese matiz es clave para entender el debate que genera su comentario.

Por qué importa esta discusión

La forma en que hablamos de las emociones con los menores tiene consecuencias prácticas. Puede influir en cómo los niños normalizan sus reacciones, en su autoestima y en la relación con los adultos que les acompañan.

Si la idea se presenta como una receta para suprimir o negar lo que sienten, existe el riesgo de enseñarles a evitar sus emociones en vez de integrarlas. Por eso, la frase de García abre una reflexión sobre el objetivo real de la educación emocional.

En el debate aparecen alternativas

  • Acompañar y validar las emociones, en lugar de pedir un «arreglo» inmediato.
  • Enseñar vocabulario emocional para que los niños nombren lo que sienten.
  • Trabajar estrategias de regulación emocional adaptadas a la edad, más que técnicas de control rígidas.
  • Modelar con el ejemplo: que adultos muestren cómo manejan sus propias reacciones.

Consejos prácticos para padres y docentes

No todos los enfoques son adecuados para cada edad ni para todas las situaciones. Entre las pautas que suelen recomendarse en contextos educativos están la escucha activa, la validación y el establecimiento de límites claros.

Adulto escuchando atentamente a un niño en casa
La escucha activa y la validación son claves en casa y en la escuela.

Evitar mensajes simplistas —como «controla tus emociones» sin más explicación— ayuda a que los menores entiendan mejor sus experiencias internas y aprendan maneras saludables de expresarlas.

Una invitación a la reflexión

La frase de Tania García funciona como provocación: obliga a revisar términos y objetivos. Más que cerrar el debate, invita a padres y educadores a preguntarse qué quieren lograr cuando enseñan sobre emociones y cómo hacerlo sin confundir control con comprensión.

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