Mostrar resumen Ocultar resumen
Los resultados de PISA plantean una duda incómoda: muchos adolescentes parecen haber perdido la capacidad de leer con atención sostenida. Expertos en literatura infantil y bibliotecas escolares señalan factores que van desde la simplificación de los textos en clase hasta la precariedad familiar y las decisiones del mercado editorial.
Lectura en el aula: leer no es siempre comprender
Maestros y bibliotecarios observan que la práctica de rebajar la dificultad de los textos en primaria responde a una realidad tangible: una parte significativa del alumnado no alcanza a comprender lecturas más complejas. La consecuencia es un nivel promedio más bajo, pero también una respuesta práctica del profesorado ante limitaciones de tiempo y diversidad de competencia lectora.
Hasta 1.100 € para el transporte escolar: ayudas de la Comunidad de Madrid
Otoño 2025: seis cursos de especialización para potenciar tu carrera

Como recuerda la bibliotecaria y especialista entrevistada, existe una diferencia clara entre leer un texto y entenderlo. Si tras una actividad la mitad de la clase no capta el contenido, es comprensible que el profesorado reduzca el nivel. Y la realidad doméstica no ayuda: muchas familias disponen de menos tiempo para acompañar la lectura por motivos laborales.
El mercado editorial y los libros infantiles actuales
Las editoriales tienden a publicar obras menos densas, con abundante diálogo, acción rápida y escasa descripción. Esa fórmula responde a la demanda y a la búsqueda de lectores jóvenes, pero, según los expertos, transforma el tipo de estímulo cognitivo que reciben los niños: muchas historias se parecen más al guion de una serie que a textos con capas interpretativas.
¿Qué puede hacer la escuela?
La respuesta más repetida por la especialista es la mediación docente: para mejorar la comprensión es necesario que el profesor conozca bien la obra trabajada y aplique estrategias de lectura, conversación literaria y acompañamiento. Pero eso exige condiciones laborales y tiempo que no siempre existen.
Por eso la interlocutora defiende el papel de la biblioteca escolar como soporte esencial del currículo. Una biblioteca que solo aloja libros sin abrirlos al alumnado ni ofrecer atención especializada no cumple su función: debe abrir horas suficientes, disponer de personal formado y participar en el diseño del plan de lectura de centro.
Coordinación con el entorno y expertos
La experta propone una colaboración más estrecha entre centros, librerías especializadas y las salas infantiles de las bibliotecas públicas. Estas alianzas refuerzan la selección de lecturas y el vínculo con el barrio. Además, las bibliotecas escolares conocen el currículo y el inventario del centro, por lo que su papel asesor resulta clave.
También advierte de algo positivo: los libros de conocimientos, por su unidad informativa reducida, pueden ser de gran valor para alumnado con dificultades lectoras.
Ejemplos internacionales y tecnología
Sobre la relación entre pantallas y atención lectora, la valoración es prudente: la tecnología es una herramienta cuyo impacto depende del uso. No se trata de prohibirla sino de formar al profesorado para integrarla con sentido.

Como ejemplo, se menciona a Estonia: no es contraria a la tecnología y logró buenos resultados en PISA tras formar al profesorado. En cuatro años se capacitó al 80% del profesorado en nuevas tecnologías y se comenzó el aprendizaje digital desde edades tempranas.
El debate del canon y el plan de centro
En lugar de imponer un listado rígido de títulos, la propuesta apunta a un canon mínimo flexible: fijar una parte de lecturas comunes y dejar margen para que el centro, el claustro y asesores de lectura elijan el resto. Para que esto funcione sería importante convertir el plan de lectura de centro, hoy recomendado, en un documento que articule políticas de biblioteca y currículo.
La especialista subraya diferencias contextuales: no es lo mismo un colegio con recursos en un barrio acomodado que uno en un entorno vulnerable. Por ello las soluciones deben adaptarse a cada realidad.
Sobre las llamadas «novelas tóxicas»
Respecto a las historias románticas de consumo masivo entre adolescentes, la posición es crítica. La entrevistada distingue entre longitud y complejidad: no le interesan los textos que resultan sencillos pero contienen mensajes machistas o perjudiciales. Considera que muchas de esas obras son negativas para menores y apuesta por alternativas de calidad, menos sexistas y con valores acordes a la educación.
Conclusión
La salida que propone la experta pasa por fortalecer la mediación docente, garantizar bibliotecas escolares con horarios y personal formados, y coordinarse con librerías y bibliotecas públicas. También defiende formación continua del profesorado en tecnología y un plan de lectura de centro que combine un mínimo compartido con opciones adaptadas a cada comunidad educativa. Así, sostienen los especialistas, se puede actuar sobre desigualdades y recuperar hábitos de lectura más profundos.












