La profesora Rosa Calafat afirma: el catalán no debería sustentarse únicamente en quienes lo hablan

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El catalán en Palma afronta una doble presión: la del castellano y la del inglés, según la profesora Rosa Calafat, de la Universitat de les Illes Balears. Sus observaciones apuntan a factores urbanos, turísticos y a la falta de apoyos institucionales que están cambiando los usos cotidianos del idioma.

Ciudad, anonimato y cambio de código

Calafat describe un fenómeno urbano en el que muchos hablantes prefieren cambiar a castellano al dirigirse a desconocidos. Ella lo resume con la expresión “la lengua del anonimato”: en contextos impersonales, optar por el castellano suele percibirse como la opción más segura para evitar malentendidos o conflictos.

Personas caminando por una calle de la ciudad, ambiente anónimo que favorece el cambio de idioma
El entorno urbano y el anonimato impulsan el cambio de catalán al castellano en interacciones con desconocidos.

En el ámbito familiar y entre amigos, la situación es distinta. Hay una conciencia clara entre familias catalanoparlantes de mantener la lengua en la vida privada. Pero fuera de esos círculos, el catalán ha perdido presencia en la conversación cotidiana.

Turismo y la presión de otras lenguas

El auge turístico amplifica esa transformación. Calafat vincula directamente la realidad lingüística con factores económicos y subraya el papel del inglés como idioma global y de penetración en las zonas comerciales.

Calle comercial con rótulos en inglés y otros idiomas, reflejando la presión turística
El auge turístico y la presencia del inglés cambian las prácticas lingüísticas en Palma.

La visibilidad del inglés en calles y comercios de Palma es notable. La investigadora incluso recuerda haber sido atendida en inglés al entrar en una tienda o un bar. Para ella, no se trata solo del catalán: otras lenguas europeas de tamaño medio también necesitan estrategias para defenderse frente a idiomas con mayor capacidad de expansión.

Limitaciones de la escuela

La escuela ha sido, en su opinión, uno de los pilares que han sostenido el catalán. No obstante, Calafat advierte que la educación no puede suplir por sí sola todas las carencias sociales y políticas.

La llegada de nueva población añade complejidad. Muchos centros reciben alumnos que no dominan ninguna de las lenguas oficiales, y los docentes afrontan retos crecientes. Según la filóloga, hoy los maestros ya están haciendo todo lo posible con los recursos disponibles.

Estigma y memoria histórica

Calafat remite a su experiencia personal: creció en escuelas donde hablar catalán estaba prohibido y podía acarrear castigos. Esa memoria histórica, dice, pesa aún hoy en la conducta social.

Existe, según ella, una penalización social que disuade a algunos jóvenes de hablar catalán por temor a no ser entendidos o a recibir una reacción negativa. Ese proceso convierte al catalán en una lengua en ocasiones percibida como estigmatizada, y el cambio de idioma se usa como mecanismo para evitar problemas.

Escenario futuro: economía y políticas

A pesar de las dificultades, Calafat mantiene una mirada optimista. Señala que el catalán conserva producción literaria, presencia en la universidad y actividad científica, además de seguidores que lo aprenden fuera de sus zonas tradicionales.

Su propuesta para la próxima década pasa por revisar el modelo económico de Mallorca. Aboga por abandonar el actual “monocultivo del turismo” y avanzar hacia una economía más diversificada y un turismo sostenible. Un cambio así, cree, podría alterar las dinámicas lingüísticas de la ciudad.

Asimismo, insiste en que las decisiones políticas serán determinantes. Para ella, la lengua no debería ser un asunto partidista, sino una cuestión de conciencia cultural que implique a las instituciones y al conjunto de la sociedad.

El diagnóstico que ofrece combina preocupación y esperanza: el catalán ha perdido espacios de uso diario, pero existen herramientas para revertir o atenuar esa tendencia. La clave, apunta Calafat, es que la respuesta no recaiga solo en los hablantes o en las escuelas, sino que involucre a la economía, las instituciones y la ciudadanía.

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