Por Joaquín Zafra Ratia
Especialista de negocio de e-Learning de Ingenia.
En primer lugar, consiga usted enterarse de que existe una licitación e-Learning en plazo. ¿Cómo? Dos opciones: contrate un servicio de alertas fiable (se admiten referencias), o bien bucee en los numerosísimos portales del contratante en donde quizás, con suerte y si la ley de contratos obliga bajo amenaza de excomunión, encuentre los pliegos que le interesan. Una vez obtenidos los pliegos, ¡atención! No debe ver el precio; simplemente lea los requerimientos técnicos del contrato.
Terminado este ejercicio, eche unas cuentas rápidas, escríbalo en un papel, compruebe, ahora sí, el precio de licitación y ¡sorpresa! Roza el doble de nuestro precio. Por arriba o por abajo, nos piden el doble de lo que en circunstancias normales estamos en disposición de hacer. Pero un momento; todavía la cosa es peor porque resulta que el precio supone la mayoría de los criterios de valoración, por lo que tendremos que bajar nuestros precios a una cantidad que oscila entre el 25 y el 35%. ¿Cómo lo hacemos? Muy sencillo: siga leyendo...
"Me pregunto, ¿volveremos a los tiempos del justiprecio? Me respondo: tarde, muy tarde (no me atrevo a decir nunca en un sector tan joven)."
Ponga su precio en una olla a presión sumergido en caldo del resto de sus proyectos, y por supuesto a fuego muy fuerte. No hay tiempo que perder; discuta internamente la conveniencia de ofertar, suspire por los viejos tiempos, prepare maquetas, haga que el equipo de trabajo firme que no tienen antecedentes penales, y después de horas de sueño perdidas e ilusión depositada ebualá: el precio ha bajado, tenemos una oferta magnífica a un precio inmejorable, y una batería de mejoras adicionales que "quizá esta vez tampoco sea suficiente para ganar".
Me pregunto, ¿volveremos a los tiempos del justiprecio? Me respondo: tarde, muy tarde (no me atrevo a decir nunca en un sector tan joven). ¿Quién convence luego de que lo que hacemos, en realidad, cuesta el doble, si nunca lo hemos hecho la mitad de bien? y ¿de qué vivimos hasta que todo se normalice? Tendremos que ir pensándolo. Mientras tanto, vamos a seguir jugando a concursar entre la ciencia infusa, los sobreesfuerzos y la competencia desleal.

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