Mostrar resumen Ocultar resumen
- Autoridad docente y relación con las familias
- Vocación y motivación dentro de la profesión
- Cuando los problemas superan la enseñanza
- Profesionales de apoyo: una carencia evidente
- El debate sobre presencia policial en los centros
- Motivación del alumnado y perspectivas
- Hacia qué modelo de escuela apuntan
Los docentes de Catalunya cerraron el curso con 23 jornadas de huelga y sin un acuerdo que ponga fin al conflicto. El malestar que describen profesores y directores se percibe también en otras comunidades y se centra en la autoridad del profesorado, la implicación familiar y la gestión de problemas sociales dentro de las aulas.
Autoridad docente y relación con las familias
La profesora Carme Panchón: la selectividad puede abrir puertas, pero no define quién eres ni tus límites
¿Se puede montar una tienda online en 2026 sin darse de alta como autónomo?
Para Antoni Domènech, profesor jubilado de 74 años, la clave está en que exista una correspondencia clara entre lo que la sociedad espera de la educación y lo que el profesorado puede ofrecer. Cuando esa sintonía falla, los centros pierden cohesión.
Albert Bayot, director y docente en el instituto Ticeris de Sarrià de Ter (Girona), apunta que la pérdida de autoridad no se limita al control disciplinario. Más bien se trata de una erosión del reconocimiento profesional: hoy hay menos confianza en que los docentes tomen decisiones curriculares, metodológicas o evaluativas sin que estas se sometan a debate público o familiar.
Ambos coinciden en que la polarización social influye en la convivencia escolar. Cuando los conflictos sociales desembocan en las aulas, la toma de decisiones pedagógicas se vuelve más difícil y exige una respuesta colectiva.
Vocación y motivación dentro de la profesión
Domènech observa un cambio en los perfiles que acceden a la docencia. Aunque vienen perfiles diversos, no siempre lo hacen movidos por la convicción en el valor transformador de la educación. “Falta vocación”, resume.
Bayot subraya que la labor del docente tiene también una dimensión ética: enseñar no es solo transmitir contenidos, sino educar en el trato hacia los alumnos, en la gestión de las diferencias y en la resolución de conflictos. Ese compromiso profesional debería volver a ocupar un lugar central en la valoración social de la profesión.
Cuando los problemas superan la enseñanza
En los institutos actuales, abundan dificultades que van más allá del contenido académico. Bayot menciona fenómenos como el bullying en redes sociales, consumo de drogas y crisis emocionales que requieren intervenciones específicas.

Además, describe una tendencia a la sobreprotección familiar. Muchas familias no marcan límites, lo que deja a los docentes con alumnos poco habituados a normas escolares. Esa combinación lleva a situaciones para las que el profesorado no siempre siente tener la preparación adecuada.
Por eso, insiste en la necesidad de trabajar de forma más cooperativa dentro de los centros y de incorporar profesionales de apoyo.
Profesionales de apoyo: una carencia evidente
Bayot propone la figura de educadores e integradores sociales liberados para intervenir en el día a día. Describe escenas frecuentes del recreo: conflictos que quedan sin atención porque el personal docente debe reincorporarse a sus clases.

Una persona dedicada a mediar, contactar con familias o gestionar conciliaciones permitiría abordar esos problemas de fondo con más eficacia. Para él, esta es una medida práctica que aliviaría la carga de los docentes y mejoraría la convivencia.
El debate sobre presencia policial en los centros
La idea de introducir fuerzas policiales en institutos ha generado mucha discusión en redes. Bayot advierte que, en la percepción social, la presencia policial suele asociarse a medidas coercitivas y a imágenes históricas que condicionan la recepción de la propuesta.
En cambio, recuerda que ya existen figuras policiales de proximidad, como el mosso o la mossa de comunidad, que colaboran con los centros. Su diagnóstico es que una política pública más eficaz habría sido reforzar y visibilizar ese tipo de recursos, en lugar de plantear una presencia policial generalizada.
Motivación del alumnado y perspectivas
Domènech señala que la motivación reciente del alumnado difiere de la de generaciones anteriores. Donde antaño un título era sinónimo de acceso a un trabajo digno, ahora muchos jóvenes escuchan que su futuro puede ser peor que el de sus padres, y eso desanima.
Bayot, sin embargo, recuerda que existen más oportunidades que nunca, aunque para aprovecharlas los estudiantes deben comprometerse con su proyecto vital. Los docentes, dice, pueden guiar ese proceso, pero para ello hacen falta tiempo y una organización escolar que lo facilite.
Hacia qué modelo de escuela apuntan
Ambos coinciden en que no se puede regresar a modelos educativos del pasado porque la sociedad ha cambiado. En su lugar proponen reforzar el mensaje público sobre la importancia de la educación para el desarrollo individual y colectivo.
Para lograrlo, según Domènech y Bayot, es imprescindible recuperar una autoridad moral de la educación basada en su papel social, no en la imposición. Las familias deben ocupar el lugar que les corresponde y los centros necesitan herramientas y equipos multidisciplinares para afrontar con rigor los retos actuales.











