SIN FRONTERAS

Imaginemos, por un instante, que nos encontramos a mediados de la década de los años ´50 del siglo pasado. Si un aficionado al fútbol quería asistir como "espectador" a un partido, no tenía más remedio que pagar su entrada y desplazarse a un estadio. La radio fue la primera tecnología que permitió, al menos, informarse en tiempo real sobre el transcurso de los partidos para aquellos que, por múltiples razones, no podían asistir.
Hoy en día, a pesar de los diferentes intentos de "interactivizar" el medio, el televidente sigue siendo un mero espectador, pero tiene la posibilidad de acceder, desde el salón de su casa, a una cuasi infinita oferta de partidos a los que jamás tendría acceso en forma presencial.
El aprendizaje sin embargo, es un proceso activo, de construcción de conocimiento, y no un proceso pasivo de acumulación de información. Un alumno jamás debiera desempeñarse como espectador televisivo, sino como protagonista. Al fin y al cabo, es quien debe aprender y por tanto quien debe hacer el esfuerzo.
Hace ya tiempo que la palabra Blended pasea por los foros de opinión, presentaciones y artículos, como sinónimo de la nueva propuesta que va a sacar a e-learning de su estancamiento, permitiendo al mismo tiempo sobrevivir a la amenazada formación presencial. Es una solución perfecta que aparece como por arte de magia. No hay más que combinar lo presencial con lo virtual en la coctelera, agitar bien y ya está listo para servir y consumir.
Sin embargo, el concepto Blended, como combinación de lo presencial con lo virtual, no significa nada por sí mismo. La tecnología es un gran acelerador de procesos y modelos cuando éstos funcionan adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a un modelo deficiente, empeora aún más el desenvolvimiento de dicho proceso.
Un curso vía e-learning no es sinónimo de mejor ni de peor calidad que uno presencial. La educación presencial tradicional trata al alumno como un mero espectador. Todo sigue girando alrededor de un profesor que monopoliza y acapara el espectáculo mediante lecciones magistrales, donde recita datos e información, y trata de medir el conocimiento de sus alumnos a través de exámenes. Los alumnos se limitan a escuchar callados durante horas, memorizar lo necesario para aprobar el examen y continuar avanzando. Fabricamos meros asistentes, casi nunca participantes. Al cabo de pocos meses, los alumnos han olvidado casi todo lo "aprehendido", y a lo poco que recuerdan son incapaces de encontrarle aplicación práctica.
Añadir tecnología a un modelo deficiente, empeora aún más el desenvolvimiento de dicho proceso. Fabricamos meros asistentes, casi nunca participantes. Al cabo de pocos meses, los alumnos han olvidado casi todo lo "aprehendido", y a lo poco que recuerdan son incapaces de encontrarle aplicación práctica.
Internet ha favorecido la distribución y el acceso a la información. La educación viene a nosotros. Lo grave es que el problema continúa siendo el mismo. La versión online se limita a virtualizar lo presencial. El alumno sigue siendo el mismo espectador que era antes, y además ahora está solo, con un artefacto tecnológico por medio y las autopistas de la información que muchas veces no se comportan como tales.
En el fondo, la palabra Blended es una excusa para perpetuar los mismos vicios, para continuar haciendo lo que ya se estaba haciendo: aprovechar los viejos manuales de los cursos presenciales, para no tener que replantear las cosas de nuevo. La ecuación fútbol en el campo + fútbol en la tele = el espectador aprende a jugar al fútbol, es obviamente falsa.
El aprendizaje natural del ser humano parte del modelo del aprendiz; se aprende haciendo, cometiendo errores, reflexionando y rectificando, casi siempre con ayuda de alguien más experto.
La conclusión es bastante simple: para aprender es fundamental tener objetivos que alcanzar, metas que cumplir y por tanto es imprescindible la motivación y el interés. Es un proceso interno, hay que "querer" aprender, ser curioso, preguntarse el por qué. Primero la práctica, la acción y luego la teoría. El resto viene después. Cualquier intento de facilitar el aprendizaje por los medios que sea, que no parta desde los intereses, las preocupaciones, las necesidades de aquellos a quienes va dirigido, está condenado a tener problemas.
Esta frase de John Dewey lo explica muy bien: "Que la educación no es un asunto de narrar y escuchar sino un proceso activo de construcción es un principio tan aceptado en la teoría como violado en la práctica." Por tanto, es imprescindible plantear al participante proyectos reales y basados en objetivos que le interesen, apoyados en la tutoría socrática donde no hay respuestas correctas. En definitiva, construir simulaciones donde puedan practicar aquellas tareas que les esperará al día siguiente en su puesto de trabajo. Que esto ocurra en un aula o en la virtualidad no tiene especial relevancia. Las buenas noticias son que casi todo ello es perfectamente realizable con apoyo de tecnología, y es aquí donde el término blended empieza a cobrar sentido. Así que si hablamos de blended, tenemos que utilizarlo con todas las consecuencias.
Para aprender es fundamental tener objetivos que alcanzar, metas que cumplir y por tanto es imprescindible la motivación y el interés. Es un proceso interno, hay que "querer" aprender, ser curioso, preguntarse el por qué.
En las aulas el índice de participación de los alumnos es escaso, y no queda registro de esas participaciones esporádicas. Las simulaciones cubren exactamente la brecha entre el mundo real y el aula, y ofrecen al alumno las oportunidades de HACER y experimentar que no tienen las aulas. Hace tiempo que sabemos que tendremos que acostumbrarnos a convivir toda la vida con un skill gap permanente, ya que se genera conocimiento a un ritmo más rápido que nuestra capacidad de absorberlo. Por eso, deberíamos hablar de trabajadores del comportamiento más que del conocimiento: qué saben hacer hoy (presente), y qué son capaces de aprender o no para lo que les espera mañana (futuro).
¿Por qué e-learning no puede ser mejor que la formación presencial? Conozco algunos buenos proyectos de e-learning que ofrecen al alumno la posibilidad de hacer, investigar y experimentar, y eso es mil veces más divertido, atractivo y práctico que estar sentado pasivamente en una sala, por muy bueno que sea el profesor. Además comparten su aprendizaje con otros, con sus pares y sus tutores, que están tratando de hacer lo mismo que ellos y se encuentran con problemas similares. Aprenden DE otros y CON otros, colaboran, discuten, realizan proyectos en grupos, aprenden a relacionarse, a comunicarse, a hacer preguntas, a buscar información, a seleccionarla, la defienden públicamente, la argumentan, etc. E-learning no consiste solamente en navegar por Internet o en descargar contenidos o acceder a diferentes recursos. Aprender a través de TICs es más complicado que acudir a un aula, a priori, hay más obstáculos que tener en cuenta.
Como ejemplo final, podríamos diseñar un gran curso de cocina que mezclase módulos presenciales teóricos y otros vía e-learning, todo muy "blended". El programa abordaría asuntos que irían desde cómo seleccionar los alimentos, cómo escogerlos y comprarlos en el mercado, multitud de recetas y trucos, videos de grandes cocineros, etc. A nadie se le pasaría por la cabeza que la parte principal del curso no fuese practicar en los fogones con sartenes y demás cacharros, y quemar unos cuantos platos antes de empezar a mejorar. Pues bien, la mayor parte de cursos blended, se centran en todo menos en practicar las tareas reales. Es decir, nunca negociás con nadie, jamás dirigís reuniones y no empatizás con otros. Mucha teoría y nunca práctica. Sin embargo, si esos cursos no se parecen al trabajo para el que tratan de prepararte, no sirven de nada, por mucho cartel de blended que incorporemos. En definitiva, aunque el objetivo consiste en enseñar a los alumnos a cocinar, creemos lograrlo por el mero hecho de que en lugar de utilizar la cocina, ahora lo pueden hacer desde su ordenador. Eso no es blended, es una simplificación de la realidad.

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