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Dolors Liria, decana del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya, ha puesto en la agenda el debate sobre las bajas por salud mental y la forma de tratarlas en el entorno laboral y sanitario. Su planteamiento busca conciliar la protección de las personas con la necesidad de que las empresas mantengan sus servicios.
Revisar las bajas sin desproteger a nadie
Para Liria, el sistema actual necesita una puesta al día. Hay casos en los que una reincorporación progresiva está indicada, pero esa vuelta debe diseñarse para no perjudicar a la empresa ni al trabajador.
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«Se ha de organizar de tal modo que no sea un perjuicio para la empresa y al mismo tiempo se debe tener la sensibilidad para que las personas se puedan incorporar gradualmente», señala la decana, que apuesta por respuestas flexibles según cada situación.
Entre la incomprensión y el posible abuso
La salud mental sigue siendo, a menudo, invisible para compañeros y familiares, lo que dificulta darle credibilidad. Liria advierte contra la banalización del sufrimiento, pero también reconoce que, en cualquier ámbito, hay personas que buscan aprovecharse.
Evitar estigmas no equivale a aceptar todo sin criterio: es necesario distinguir con cuidado sin caer en simplificaciones.
Más recursos en primaria: los Referentes de Bienestar
La decana subraya una limitación práctica: el médico de cabecera no siempre dispone de herramientas para evaluar problemas psicológicos complejos. Por eso defiende potenciar figuras en los centros de atención primaria que puedan valorar los casos con más detalle.

Los llamados Referentes de Bienestar —psicólogos integrados en los ambulatorios— podrían estudiar cada situación, aconsejar sobre la necesidad de baja o favorecer una vuelta gradual, en lugar de que esa decisión dependa solo de la prescripción médica.
«Debería haber un sistema de atención a las personas de baja por salud mental que permita acompañarlas mejor y contribuir a que se reincorporen lo antes posible», recalca Liria.
El trabajo como parte de la recuperación y las causas sociales
Estar demasiado tiempo de baja, explica Liria, puede resultar perjudicial para algunas personas; la actividad y la sensación de utilidad contribuyen a la mejora. Pero las soluciones no son únicamente clínicas.
La decana alerta sobre los determinantes sociales de la salud: políticas públicas, redes comunitarias y el grado de acompañamiento social influyen en cómo se vive y se afronta el malestar. Ampliar la plantilla de psicólogos en la sanidad pública es necesario, pero no basta si no se actúa también sobre la estructura social.
«Estamos en una sociedad muy individualizada y nos lo tenemos que plantear», añade al respecto.
Inteligencia artificial: atajos fáciles con riesgos
Según Liria, muchas personas prefieren consultar a herramientas de inteligencia artificial porque dan respuestas rápidas y complacientes. Ese camino evita, subraya, el trabajo personal que exige una psicoterapia real.
Respuestas inmediatas no siempre son útiles: cuestionarse a uno mismo puede resultar incómodo, pero forma parte del proceso de cambio. La decana lanza una advertencia clara sobre el papel de la tecnología en este campo.
«Si la IA hace de psicoterapeuta, sería un intruso artificial, sería intrusismo ejercido por la Inteligencia Artificial», afirma, para describir el riesgo de sustituir la intervención profesional por soluciones automatizadas.
La propuesta que defiende Liria combina mejoras en la atención sanitaria, criterios más sólidos para gestionar las bajas y una mirada social más amplia. El objetivo, concluye, es acompañar a quienes lo necesitan sin reducir la complejidad de los problemas a respuestas simplistas.












