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Un juzgado de Bilbao ha declarado improcedente el despido de un ingeniero al entender que la empresa utilizó la introducción de la tecnología como un argumento genérico para justificar su cese. La compañía deberá abonar al trabajador una indemnización de 12.330,56 euros, según la sentencia fechada a principios de junio.
Qué decidió el tribunal
El Juzgado de lo Social número 7 de Bilbao concluyó que la firma vasca no acreditó con rigor que la implantación de sistemas automatizados hubieran dejado sin efectos las funciones del empleado. En la carta de despido la empresa alegó una “obsolescencia” del puesto ligada a su estrategia de innovación, pero el magistrado consideró que esa justificación fue genérica y careció de criterios objetivos.
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La resolución, difundida en redes por el abogado laboralista Pere Vidal, recoge que el informe sobre el impacto de la tecnología fue elaborado tras producirse los despidos. Para el juez eso impide sostener que la compañía midiera previamente si la automatización hacía prescindible el puesto.
El contexto del debate: penetración real de la IA
La medida coincide con un debate más amplio sobre el efecto de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo. Aunque el uso de estas herramientas está creciendo, su implantación todavía no es masiva: según el Instituto Nacional de Estadística, el 21,1% de las empresas españolas de diez o más empleados utiliza actualmente IA, frente al 12,4% registrado en 2024.

Expertos y organismos advierten sobre un potencial de transformación importante, pero las cifras muestran que la adopción sigue siendo minoritaria y heterogénea por sectores.
Cuándo la IA puede justificar un despido
Los tribunales han admitido en ocasiones que la digitalización sea una causa objetiva de extinción de empleo. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, por ejemplo, avaló en noviembre pasado un despido colectivo en una empresa de traducción que perdió clientes que, según la sentencia, empezaron a traducir contenidos directamente con herramientas como ChatGPT o Gemini.
Sin embargo, el fallo de Bilbao subraya que la mera mención de la IA no basta. El tribunal exige pruebas concretas y temporales del impacto organizativo y productivo para considerar lícito un despido por causas tecnológicas.
Lecciones prácticas de la sentencia
La resolución deja claro que la validación judicial de un cese por motivos tecnológicos pasa por una evaluación previa y documentada de la transformación. El juez reprochó a la empresa la ausencia de mediciones anteriores y la elaboración de un informe ex post, lo que, a su juicio, apuntó a un uso del argumento tecnológico como pretexto para reducir la indemnización.
En definitiva, la sentencia establece un criterio: la innovación puede ser causa objetiva de despido, pero solo cuando su impacto sobre puestos y funciones esté debidamente probado.












