Empleo en máximos y productividad: el desafío del nuevo curso

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España arranca el nuevo curso con datos macro que sorprenden al alza, pero también con señales de que el ciclo entra en una etapa más compleja. Crecimiento y empleo destacan sobre la media europea, mientras que inflación, vivienda y el fin de los fondos comunitarios plantean retos urgentes para la política económica.

Una foto macro resistente, con matices

Las previsiones oficiales sitúan al PIB en un avance notable: el Gobierno estima un crecimiento del 2,6% para 2026, y estudios privados como Esade calculan un rango del 2,2% al 2,3%. Eso duplica, aproximadamente, la proyección del 1,1% para la zona euro.

Los datos recientes confirman la resistencia: el PIB creció un 0,6% en el primer trimestre y un 0,7% entre abril y junio. En julio la Seguridad Social superó los 22,5 millones de afiliados y la EPA colocó la tasa de paro en el 9,87% en el segundo trimestre, el nivel más bajo desde 2008, pese a que la población activa alcanzó 25,27 millones.

Del impulso por la demanda al límite de la oferta

Los motores que han empujado la expansión empiezan a tocar techo. El turismo camina hacia cifras muy elevadas —cercanas ya a los 100 millones de visitantes—, la inmigración podría moderarse y el margen fiscal se estrecha. Además, los recursos procedentes de Next Generation EU entran en su fase final.

Turistas y playas llenas ilustrando el empuje del turismo
El turismo masivo empuja la demanda pero presiona la capacidad productiva.

Este cambio implica que la restricción al crecimiento se traslade de la demanda a la oferta. España deberá producir más y mejor: elevar la inversión, aumentar el tamaño empresarial, reforzar el capital tecnológico y adaptar las cualificaciones a la demanda real del mercado.

Los expertos consultados coinciden en el diagnóstico. Señalan la importancia de la demanda interna, la inmigración y los servicios, pero advierten de que la baja productividad, la escasez de vivienda y el alto endeudamiento ya condicionan el potencial de crecimiento.

Un otoño sin nuevos Presupuestos desde 2023

La primera prueba política y económica será la presupuestaria. España funciona en 2026 con las cuentas de 2023 prorrogadas; el Ejecutivo ha remitido el cuadro macro y el techo de gasto para 2027, pero debe negociar unos nuevos Presupuestos en un momento parlamentario delicado.

La relación con socios como Junts complica asegurar la mayoría necesaria. Carme Poveda, de la Cambra de Comerç de Barcelona, recuerda que los Presupuestos aportan estabilidad y facilitan el impulso de la inversión y los proyectos estratégicos.

Sin unas cuentas actualizadas será más difícil reorientar el gasto hacia prioridades crecientes, como vivienda, defensa, infraestructuras, innovación o transición energética. Todo ello llega con una deuda pública alta: en junio se situó en el 101,5% del PIB.

El final de los fondos europeos y la búsqueda de relevo

Los fondos Next Generation han sido una palanca decisiva de inversión, digitalización y transición energética. Ahora España encara la fase final del Plan de Recuperación: el plazo para ejecutar inversiones y cumplir hitos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia venció el 31 de agosto, y el país prepara la última solicitud de pago.

La pregunta es qué sustituirá ese impulso. No basta con ejecutar lo pendiente; hace falta que las inversiones eleven de forma duradera la capacidad productiva.

En ese contexto, el fondo España Crece, gestionado a través del ICO, se plantea como parte del relevo. Su primer gran instrumento, previsto para septiembre, destinará más de 12.000 millones de capacidad financiera a vivienda asequible y proyectos ligados a la promoción y alquiler.

Vivienda: el coste que reduce sensación de prosperidad

El mercado residencial es el ejemplo más visible de la desconexión entre macro y micro. En cinco años los precios han subido una media del 46,5%, y ese alza erosiona la percepción del bienestar: hogares con más empleo e ingresos pueden sentirse económicamente más ahogados por alquileres, hipotecas o la dificultad para ahorrar.

Bloques de viviendas y carteles de venta o alquiler que reflejan la subida de precios
El aumento de precios en vivienda reduce la sensación de prosperidad.

La escasez de vivienda tiene además efectos sobre la economía: limita la movilidad laboral, dificulta la llegada de trabajadores a las zonas con más demanda y reduce la capacidad de atraer talento, lo que puede frenar el crecimiento del PIB.

España Crece incluirá financiación para promoción y tenencia a largo plazo y podrá incorporar, cuando sea necesario, un tramo no reembolsable de hasta el 30% para viabilizar proyectos de alquiler asequible.

Inflación al alza y riesgos energéticos

La inflación volvió a acelerarse en agosto: el IPC aumentó siete décimas hasta el 4,3% interanual, según datos adelantados por el INE, impulsado por el encarecimiento de los combustibles y la evolución de los alimentos. Con este dato suman dos meses consecutivos de subidas y se supera el 4% por primera vez desde abril de 2023.

La guerra en Oriente Próximo y la tensión sobre la energía elevan los precios y reducen el margen de maniobra de los bancos centrales, alejando la inflación del objetivo del BCE (2%). Para España, una energía más cara significa menor poder adquisitivo, mayores costes para las empresas y condiciones financieras potencialmente más restrictivas.

El despliegue renovable es una ventaja potencial, pero consolidarla exige más redes, almacenamiento e interconexiones para convertir la electricidad barata en una ventaja industrial estable.

Exterior más incierto: aranceles y desaceleración global

Fuera de Europa también hay riesgos. La nueva ofensiva arancelaria de Estados Unidos eleva barreras sobre importaciones que afectan a la UE y presionan sectores españoles como la alimentación, la farmacéutica y la maquinaria.

Al mismo tiempo, España parte de una posición exterior más diversificada que en crisis anteriores: los servicios no turísticos han ganado peso, el turismo sigue siendo robusto y balances de hogares y empresas aparecen más saneados, según el Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España. Esa fortaleza ayuda, pero no inmuniza frente a un cóctel de petróleo caro, tensiones comerciales y menor crecimiento mundial.

Empleo récord, ahora toca elevar la productividad

El mercado laboral seguirá siendo la principal red de seguridad. Los más de 22,5 millones de afiliados y la tasa de paro por debajo del 10% son logros históricos. Pero crear empleo al ritmo reciente será más complicado: aumentan las vacantes sin cubrir y persisten desajustes entre la formación y las necesidades empresariales.

El objetivo siguiente no puede limitarse a sumar ocupados. España necesita que cada hora trabajada genere más valor. Eso exige, entre otras medidas, invertir en I+D+i, inteligencia artificial y capital tecnológico, favorecer que las pymes crezcan, reforzar la formación profesional y mejorar las políticas activas de empleo.

  • Elevar la inversión en tecnología e innovación.
  • Ampliar la oferta de vivienda asequible.
  • Aprobar Presupuestos que adapten el gasto a 2027.
  • Convertir las inversiones europeas en capacidad productiva permanente.

El nuevo curso económico presenta más fortalezas que muchas economías vecinas, pero deja menos margen para demorar reformas. España ya ha mostrado que puede crecer por encima de la eurozona y crear empleo rápidamente; ahora el reto es transformar ese empuje en más oferta productiva, vivienda asequible, estabilidad presupuestaria y un impulso sostenido a la productividad. Como ha resumido el Gobierno, hace falta que «la macro llegue a lo micro».

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