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El 13 de julio el Boletín Oficial del Estado publicó la resolución que declara la comisaría de Via Laietana como «lugar de memoria». Para quienes llevan años reclamando su reconversión, esa formalización resulta insuficiente: el cambio no altera el uso actual del edificio ni satisface las demandas de las víctimas.
Lo que aprobó el BOE y por qué pasa desapercibido
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La publicación en el BOE oficializa un reconocimiento institucional que, en apariencia, avanza en materia de memoria histórica. Sin embargo, la medida ha suscitado escaso interés mediático y no modifica la presencia ni las funciones policiales en el inmueble.
Para muchos observadores, la resolución consagra una solución administrativa que protege el estado vigente del edificio en lugar de transformar su función pública.
Reivindicaciones que llevan años
En Barcelona se han sucedido concentraciones, informes académicos y numerosos testimonios de personas represaliadas que piden la reparación y la visibilización de las prácticas represivas franquistas ocurridas allí.

Personalmente, he defendido de forma reiterada la conversión de Via Laietana 43 en un espacio de reparación, destinado a recordar la tortura, documentar la red represiva del franquismo y acoger la memoria de las víctimas. No es imprescindible una declaración para impulsar iniciativas culturales y pedagógicas, pero sí resulta esencial la salida de la Policía Nacional.
Por qué la coexistencia de usos debilita la reparación
La reparación no es solo un gesto individual: tiene un componente comunitario porque reconoce la existencia de un sistema que criminalizó la disidencia y controló a la población.

Cuando un mismo edificio combina funciones memoriales con actividades policiales, el reconocimiento pierde fuerza. Para críticos y afectados, mantener usos policiales junto a espacios conmemorativos contradice la finalidad de reparar y dignificar a las víctimas.
Qué queda por hacer
El Gobierno cree haber cerrado el expediente con esta resolución, pero el proceso seguirá abierto en tanto las asociaciones ciudadanas, las personas represaliadas y la investigación académica mantengan la presión y continúen aportando pruebas y testimonios.
Como escribió Montserrat Roig, «si existe un acto de amor, ese es la memoria». Esa idea subraya la necesidad de ir más allá del gesto administrativo: la primera etapa de cualquier reparación real debe ser la retirada de los usos policiales del edificio. Mientras eso no ocurra, hablar de reparación queda incompleto.











