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El psicólogo Javier de Haro defiende que la imagen extendida de los abuelos como meros consentidores es errónea. Para él, esas figuras familiares siguen siendo un referente y cumplen funciones educativas además del afecto.
Desmontando un estereotipo
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En el debate público suele repetirse la idea de que los abuelos solo miman y no influyen en la educación de los nietos. De Haro cuestiona esa visión reduccionista y reclama una mirada más equilibrada sobre su papel en la familia.
Un papel que va más allá del cariño
El psicólogo subraya que los mayores transmiten valores, normas y experiencias que refuerzan la identidad familiar. Como él mismo afirma: «Son un referente. También enseñan y educan».

Ese aprendizaje no siempre es formal. Muchas veces se produce a través de conversaciones cotidianas, relatos sobre el pasado o la transmisión de rutinas y tradiciones.
Consecuencias para la convivencia familiar
Reconocer la aportación educativa de los abuelos puede cambiar la manera en que se organizan las relaciones intergeneracionales dentro del hogar. Les asigna un papel activo, con responsabilidades emocionales y pedagógicas, además del afecto.
Qué puede ganar la sociedad
Si se valora a los mayores como agentes educativos, las políticas y las prácticas familiares podrían adaptarse para favorecer la colaboración entre generaciones. Esto podría traducirse en mejores apoyos para el cuidado compartido y en actividades que integren a los abuelos en la vida cotidiana de los niños.

Reflexión final
La posición de Javier de Haro invita a revisar prejuicios comunes y a considerar a los abuelos como figuras con influencia educativa real. Cambiar esa percepción no borra sus cuotas de ternura, pero sí amplía la comprensión del papel que desempeñan en la formación de las nuevas generaciones.












