Mostrar resumen Ocultar resumen
Cuando Régis Marques asumió la dirección del colegio Parque dos Sonhos en 2016 se encontró con un edificio de cuatro plantas, apenas 100 alumnos y una fuerte situación de violencia en el entorno. Tras una década de cambios prácticos y pedagógicos, la escuela en la periferia de Cubatão ha recibido un reconocimiento internacional por su capacidad de transformación.
Empezó compartiendo la mesa
Pilar de Castro dice que la hiperprotección y el temor a la frustración crean personas frágiles
Tribunal vasco decide que la calificación de euskera no debe computarse para el acceso universitario
Una de las primeras iniciativas fue tan simple como sentarse a comer con los estudiantes y escucharlos. Marques decidió acompañar al alumnado en el comedor para conocer su opinión sobre la escuela y preguntar directamente qué hacía falta cambiar.
Esas conversaciones, explica, revelaron necesidades y realidades que hasta entonces no habían llegado al profesorado. El gesto sirvió para derribar barreras y abrir canales de diálogo que marcarían el rumbo del proyecto.
Visitas a domicilio que cambiaron la mirada
El siguiente paso fue acercarse a las casas de los alumnos. Dos docentes propusieron las visitas y las realizaron los sábados con una regla clara: no hablar del comportamiento del niño. El objetivo fue escuchar y entender las condiciones de vida de las familias, no reprochar.

La experiencia transformó a quienes participaron. Muchos profesores, que acudieron reticentes, volvieron impresionados y con otra percepción del alumnado. Ese cambio de mirada se convirtió en uno de los pilares del plan educativo.
Crecimiento sostenido y más actividades
Las cifras ilustran la evolución: la matrícula pasó de 100 alumnos a aproximadamente 1.200 en el curso actual. El centro puso en marcha más de 40 proyectos sociales y educativos, que incluyen patinaje artístico, fútbol, kárate, piragüismo, teatro, una coral, un pódcast y un periódico escolar.

Los recursos llegaron también desde fuera. Con la plantilla y la comunidad movilizadas, Marques contactó a empresas y, tras enviar cartas a 135 compañías brasileñas, recibió una donación de 20.000 dólares que permitió pintar y acondicionar el colegio. Desde entonces mantienen la búsqueda de alianzas para sostener las iniciativas.
Marques atribuye parte del cambio a liderar con el ejemplo: si faltaba personal de cocina o limpieza, él mismo se encargaba. «Antes de pedir nada al resto, tienes que demostrar», ha señalado en uno de sus relatos sobre la transformación.
Reconocimiento internacional y efecto en el barrio
El trabajo del Parque dos Sonhos fue distinguido como la Mejor Escuela del Mundo en la categoría de superación de adversidades en los World’s Best School Prizes, impulsados por T4 Education. Marques presentó el proyecto este miércoles en Barcelona durante las jornadas Mutare organizadas por la Fundació Carulla, donde habló con emoción del recorrido del centro.
La implicación de las familias se ha multiplicado: de alrededor del 10% en 2016 a entre el 70% y el 80% hoy. Ese aumento de participación, sostienen en la escuela, ha tenido un impacto directo en el barrio: un lugar antes marcado por el miedo que ahora sirve como punto de partida para imaginar un futuro distinto.
Resultados y visión integral
Los cambios se ven dentro y fuera del aula. Además de la mejora en los rendimientos académicos, alumnos y equipos deportivos han cosechado títulos regionales. Incluso el comedor escolar fue reconocido entre las diez mejores comidas del estado de São Paulo.
Marques habla de educación integral como práctica cotidiana: combinar deporte, cultura, acompañamiento familiar y ofertas extracurriculares para abrir horizontes a niños que, a veces, no abandonan su barrio a pesar de vivir a apenas 20 minutos de la playa.
“Los niños tienen que poder soñar”, afirma Marques. Soñar, añade, les da un objetivo y los impulsa a pensar en un futuro más amplio.












