
Entrevista a D. José Antonio Millán, Escritor y Editor Digital
Conocí a José Antonio Millán por medio de una amiga común, que me lo propuso como ponente para un congreso. Por supuesto, ya había oído hablar de él y había leído sus blogs, pero no habíamos conversado personalmente hasta el día que impartió esa conferencia.
Millán es un extraordinario profesional, multidisciplinar y versátil como pocos, y además resulta una persona encantadora. José Antonio
es cercano, de trato sencillo y fácil cuando podría presumir todo lo que quisiera. Eso tienen los personajes verdaderamente grandes: se quitan importancia cuando podrían darnos lecciones a todos.
Como escritor (creo que es autor de 29 libros) y editor digital, ha publicado una obra prolífica y brillante. Como articulista, hace tiempo que colabora con grandes medios de comunicación (como por ejemplo, El País), analizando diversas cuestiones y centrándose especialmente en el impacto del mundo digital. En su faceta de investigador y consultor, participa en muchos grupos de trabajo como experto en el mundo de la cultura, presentada por medio de nuevas tecnologías. Por todo ello, es un intelectual de gran prestigio en ámbitos muy diversos.
Traemos hoy a nuestras páginas a un invitado de lujo y no desaprovecharemos esta oportunidad para preguntarle su opinión sobre los cambios educativos que vivimos en nuestro entorno.
IB: Sr. Millán, sabemos que este ejercicio no es fácil pero, ¿puede intentar describirnos su enorme actividad profesional, en pocas palabras? ¿Cómo se definiría a sí mismo?
JAM: Lo que ocurre es que soy varias cosas simultáneamente, algunas de las cuales están interrelacionadas. Me considero editor, sobre todo digital, pero esta función de mediador con el público en Internet está tomando constantemente nuevos perfiles. Para publicar un corpus complejo hace 15 años bastaba con crear una interfaz plana de consulta (http://cvc.cervantes.es/lengua/agle/categorias.asp). Ahora, sin embargo, es necesario avanzar en sistemas de visualización de la información (http://archivojae.edaddeplata.org/jae_app/JaeMain.html).
Mis trabajos en la edición tradicional y digital me han llevado desde hace años a consultorías y desarrollos, y con frecuencia las unas conducen a los otros. Eso me ha hecho trabajar para muchas empresas e instituciones y explorar territorios muy variados. Pero en paralelo ha hecho falta una tarea que podríamos llamar "educativa": a través de artículos en medios de comunicación primero, y de mi propia web después he ido explicando al público (que muchas veces incluía a posibles clientes) qué ventajas tenían para el lector o incluso para el editor los procedimientos digitales. Complementaban esta tarea libros, infinidad de conferencias, docencia, etc. Han sido años muy activos, porque estaba prácticamente todo por hacer, y lo mismo intervenía en un Máster sobre Edición que en otro sobre Diseño de Interfaces (por cierto: tengo trabajos sobre señalética y semiótica de los íconos).
Pero al tiempo era, y no he dejado de ser, lingüista, y eso me ha hecho tratar cuestiones relacionadas con la lengua, de nuevo en conferencias, artículos, libros, blogs... Fui pionero en estudios sobre Internet y el español.
Soy narrador también, y he realizado incursiones en el cuento, en la novela, y en obras infantiles, que, por cierto, me han dado muchas satisfacciones.
IB: ¿Cómo ve los cambios que está produciendo la Web 2.0 a nuestro alrededor? ¿Cómo impactan en el mundo de la cultura?
JAM: La irrupción de la voz de los usuarios en el mundo de la Web ha sido revolucionaria, pero también multiforme: desde un artículo de la Wikipedia hasta una observación sobre la calidad de un hotel, desde un comentario en un periódico digital hasta un blog, un tweet o una nota en una red social.
Todo ello ha generado una rica constelación de contenidos y metacontenidos, donde se dan interacciones muy variadas: privadas, privadas pero al alcance de cientos de "amigos" (el caso de Facebook), profesionales, institucionales... Hay mucho ruido, lo que obliga a usar herramientas de cribado (alertas, analizadores de la actividad en Twitter...), pero al tiempo es una situación apasionante.
IB: ¿Qué aplicaciones digitales resultan, a su juicio, más importantes para el sector educativo?
JAM: Yo creo que hay dos tendencias: la "industrial" y la del "bricolaje". Las instituciones que quieren rentabilizar materiales y profesores recurren a plataformas estándar donde, con poco esfuerzo, pueden ofrecer "e-learning", o lo que ellos anuncian como tal. Pero a mí me ha gustado, para la enseñanza escolar, presentar soluciones creativas y baratas que echan mano de la infinidad de recursos que hay en la Red; en mi libro Hacia la escuela 2.0. Proyectos con programas gratuitos para formar ciudadanos de la sociedad del conocimiento (http://previewlibros.grupo-sm.com/09D0B5F7-6F42-43B9-9126-F58E50C376B4.html).
IB: ¿Qué evolución podemos esperar, en este sector, durante los próximos años?
JAM: Creo que se ahondarán en estas dos vertientes: la estandarización y la invención. En el primer aspecto, es posible que aumente la calidad de los e-cursos, a medida que sus clientes vayan sabiendo más y rechacen contenidos de baja calidad y plataformas mal gestionadas.
Pero a mí me interesa más el segundo aspecto: para muchas disciplinas el profesor atento puede descubrir una infinidad de materiales y recursos disponibles. Su misión sería evaluarlos, orientar a los estudiantes para que los usen, plantear tareas con ellos y luego hacer el seguimiento. Es una labor delicada y que consume tiempo, y es utópico pensar que sea la forma estándar de trabajo en el medio educativo, pero sí que estoy convencido de su riqueza y de los beneficios que supone no sólo para la transmisión de los contenidos, sino para la formación digital de los estudiantes, en muy distintos niveles.
IB: Por último, ¿cree usted que un autor debería proteger sus derechos en Internet, o un creador debe poner su obra a disposición de los internautas de forma gratuita?
JAM: Por fortuna, ésta es una decisión que compete a cada autor: quien quiera puede publicar su obra, en la web o en papel, protegida por el copyright, y quien lo desee puede publicarla con permiso de copia o incluso de reutilización comercial. En este último caso, hay un sistema bastante depurado de licencias (Creative Commons: http://es.creativecommons.org/licencia/) que permiten enunciar de forma inequívoca y con valor legal o que cada autor quiere que se haga con su obra.
La sorpresa para muchos profesionales y creadores es que lo que les beneficia más es dar difusión gratuita a sus obras. Como dijo Kevin Kelly: "Mientras un puñado de autores de best-sellers le temen a la piratería, cada autor teme la oscuridad".
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