
Al aprender, al construir nuevo conocimiento, podemos establecer conexiones y analogías, y en ello querría detenerme. Un filósofo se extendería saboreando sus pensamientos relacionados con estas operaciones mentales, de cuya cotidianidad e importancia no cabe dudar.
Estamos continuamente estableciendo conexiones para ubicar y enraizar nuestros conocimientos, para aplicarlos, para explicarlos; encontramos igualmente a menudo paralelismos y analogías que facilitan nuestra comunicación, nuestro análisis, nuestra síntesis. Hemos de ser, desde luego, precisos en el manejo de conceptos, en beneficio de la solidez de las conexiones y analogías, que a su vez proporcionan solvencia a nuestro aprendizaje y nuestra creatividad. Sin duda, el lector habría preferido un filósofo y ha de valerse, empero y en estas reflexiones, con este ingeniero que tratará de ser práctico:
Cuando un biólogo encuentra una nueva especie, trata enseguida de conectarla; cuando recibimos una noticia, conciente e inconscientemente la conectamos; cuando leemos un libro de gestión empresarial, conectamos los mensajes con la realidad de nuestro entorno profesional... En definitiva cada percepción, cada nueva información, se conecta en nuestra memoria mediante diferentes ejes, y así se va construyendo el conocimiento. En esta intención, la analogía constituye una conexión especial, que nos permite, por ejemplo, relacionar las soluciones en el caso de problemas que presentan similitudes.
Sabemos que estas conexiones multiaxiales pueden ser también casuales e intuitivas: en un momento dado, se conectaron la óptica y la astronomía, la electricidad y el magnetismo, la tecnología y la medicina; Spencer, creador del horno de microondas, conectó los efectos térmicos de la radiación con el guiso de alimentos, y enseguida probó con un huevo; Laennec, inventor del fonendoscopio, había jugado en su ciudad natal, Quimper, a comunicarse mediante canutos de cartón, y relacionó muy oportunamente esta experiencia con la auscultación; Hough supo que aquella sustancia resultante (la sucralosa) podría utilizarse como edulcorante acalórico, etc.
Howe, Kekulé y otros inventores y científicos relacionaron sus sueños con los problemas que les inquietaban; la analogía del Sistema Solar pareció ser útil al físico danés Bohr, o la de la fotografía al físico alemán Roentgen. Si repasamos, por cierto, los avances que fueron reconocidos con el Nobel, aparecen constantes conexiones. Guiándolos una íntima convicción, unos científicos se conectaron a las teorías o hipótesis desplegadas por otros, hasta demostrarlas y añadir más conocimiento; en ocasiones, la intuición de quienes dieron el segundo paso parecía ser incluso más profunda, más intensa, que la de quienes dieron el primero... Cuando describimos el perfil de los individuos creativos, destacamos su habilidad para advertir conexiones ocultas: estas conexiones constituyen puntos de apoyo desde los que desplegar los saltos cuánticos que caracterizan la innovación.

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