Mostrar resumen Ocultar resumen
- Casos prácticos que rompen estereotipos
- Qué dice el informe
- Fuentes de financiación y forma de colaboración
- Desigualdad territorial
- El gran obstáculo: falta de tiempo
- Factores que impulsan la investigación en FP
- Leyes que apuntan alto, realidad que aún no acompaña
- Transferencia a las empresas: una oportunidad desaprovechada
Un asistente digital para personas mayores, un robot agrícola para cultivar todo el año, cremas hechas con hierbas aromáticas y contenedores marítimos reconvertidos en viviendas: son ejemplos concretos de cómo la Formación Profesional se ha volcado en la investigación y la transferencia de conocimiento. Un informe reciente examina hasta qué punto estos proyectos han convertido a la FP en motor de innovación y qué obstáculos aún frenan su impacto.
Casos prácticos que rompen estereotipos
Formación Profesional pide más tiempo para que su profesorado impulse la investigación
El número 43 de Via Laietana no puede repararse mientras una escopeta lo observa
Los proyectos citados por el estudio muestran una FP que trabaja junto a empresas y comunidades para resolver retos reales. No se trata solo de formación técnica, sino de aplicar soluciones —desde dispositivos de ayuda para personas mayores hasta prototipos agrícolas— que pueden llegar al mercado o mejorar procesos productivos.

Ese trabajo aplicado incluye además iniciativas con vocación social y sostenible, como la transformación de contenedores en espacios habitables y proyectos que industrializan pequeños cultivos o elaboran productos cosméticos a partir de recursos locales.
Qué dice el informe
La Fundación CaixaBank Dualiza y la Fundación Cotec han elaborado un informe sobre la relación entre la FP y la innovación en España. El documento concluye que la investigación y la transferencia están ya presentes en los centros, pero con limitaciones estructurales.
El estudio se apoya, entre otros datos, en una encuesta a 258 equipos directivos de centros pertenecientes a FPEmpresa. Aunque la muestra no es estadísticamente representativa de todo el sistema, ofrece pistas relevantes: nueve de cada diez centros encuestados desarrollaron al menos un proyecto de innovación en los últimos tres años.
Fuentes de financiación y forma de colaboración
Las convocatorias autonómicas son la vía más habitual para esos proyectos, usadas por el 67% de los centros encuestados. Le siguen los programas Erasmus+ (63%), las convocatorias estatales (55%) y las iniciativas de Dualiza/FPEmpresa (34%).
Desigualdad territorial
Una de las debilidades más señaladas es la falta de homogeneidad en todo el país. El informe sitúa al País Vasco como referente por contar con un sistema de innovación en FP estable, con estrategias e instituciones propias.
Galicia también aparece con fuerza gracias a la Estratexia FP Galicia 2030, que incorpora la innovación y la digitalización como ejes específicos. Catalunya, por su parte, no figura entre las comunidades más punteras pero dispone de programas relevantes, como Innova FP, y proyectos concretos como el Blue Containers Project del Institut Provençana.
El gran obstáculo: falta de tiempo
El estudio identifica una paradoja: la innovación está reconocida a nivel estratégico, pero escasea en la rutina diaria de los centros. Ocho de cada diez incluyen la innovación como prioridad en su proyecto educativo y el 64% dispone de un responsable o equipo para estos asuntos.

No obstante, el problema más citado es la ausencia de tiempo docente liberado. Tres de cada diez centros admiten que su profesorado nunca o casi nunca dispone de horas liberadas para dedicarlas a proyectos de innovación, lo que limita la capacidad de desarrollar investigación aplicada de forma sostenida.
Factores que impulsan la investigación en FP
Según los autores, la compromiso del profesorado es una palanca esencial, junto con el liderazgo directivo, la existencia de responsables de innovación, planes definidos, tiempo disponible, presupuesto y equipamiento adecuado.
En ese escenario, los centros de Excelencia —77 en la red estatal— destacan por su orientación hacia la investigación aplicada, la incorporación tecnológica, el emprendimiento y la internacionalización. También obtienen mejores resultados los centros integrados y los de mayor tamaño. En líneas generales, los centros públicos y concertados muestran más actividad innovadora que los privados.
Leyes que apuntan alto, realidad que aún no acompaña
La ley de FP aprobada en 2022 y el real decreto de 2023 sitúan la innovación como eje del sistema. Ambas normas refuerzan el papel de docentes y alumnos como agentes innovadores y buscan estrechar la relación con el tejido productivo.
Sin embargo, el informe detecta una brecha entre esa ambición legislativa y la práctica diaria. Muchas iniciativas dependen aún del voluntarismo de centros y profesorado, más que de un marco estable, financiado y coordinado.
Transferencia a las empresas: una oportunidad desaprovechada
La proximidad de la FP a las pymes es su fortaleza principal: la colaboración con empresas permite plantear retos productivos reales y convertir la formación en transferencia de conocimiento.
El propio informe subraya esta idea con claridad: “El alumnado y los titulados son vectores directos de innovación. Al incorporarse a las empresas, difunden conocimiento técnico actualizado, detectan necesidades de mejora, generan innovación incremental y promueven cultura innovadora”, sostiene el documento.
La conclusión es que, para que la FP cumpla plenamente su papel en I+D+i, hacen falta mecanismos estables de apoyo: más horas para el profesorado, financiación regular, estructuras profesionales de gestión y una coordinación efectiva con el sector productivo.











