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- De observar el patio a descubrir su propia capacidad
- Una carrera empresarial casi accidental
- Lo que suele pasar desapercibido: los hábitos diarios
- El liderazgo hoy: menos jerarquía, más iniciativa
- Actuar antes de recibir el cargo
- Horas, retiro y definiciones equivocadas
- ¿Volvería a elegir este camino?
Les McKeown, presidente de Predictable Success y autor de Lidera (Koan), cuestiona la idea habitual de que un líder es quien ocupa un puesto alto y trabaja interminables horas. En una conversación con La Vanguardia repasa su trayectoria —fundó 42 empresas antes de los 35— y comparte las lecciones que, según él, realmente definen el liderazgo en las organizaciones.
De observar el patio a descubrir su propia capacidad
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De niño se interesó por las relaciones de poder entre compañeros, pero no por ser el centro. Estudiaba los patrones de comportamiento en el recreo; le intrigaba quién influía y por qué.

A los 16 años su rendimiento cambió gracias a un amigo, David, que le impulsó a estudiar. McKeown recuerda que hasta entonces mucha gente asumía que no era inteligente. Fue ese empuje el que le permitió comprobar que sí tenía capacidad académica y, sobre todo, que podía aprender a liderar.
Una carrera empresarial casi accidental
Su entrada en el mundo de los negocios no fue planificada. Trabajaba como asesor contable cualificado en un momento en que el Reino Unido promovía la creación de pequeñas empresas. Muchos emprendedores acudían a él para diseñar planes y buscar financiación.
Al ayudarles, le surgieron ofertas para convertirse en socio. Durante ocho o diez años eligió entre seis y ocho negocios cada año y acabó cofundando decenas de empresas. Esa práctica continua le permitió identificar patrones de éxito que más tarde plasmó en su libro.
Lo que suele pasar desapercibido: los hábitos diarios
McKeown insiste en que el liderazgo no nace de gestos grandilocuentes sino de la acumulación de pequeñas acciones. Pone como ejemplo al piloto que aterrizó en el río Hudson: el gesto fue notable, pero estuvo precedido por décadas de formación cotidiana.
Otra idea central es que el liderazgo no depende del título. Hay directivos con cargos que no lideran, y personas sin cargo que asumen la responsabilidad cuando hace falta.
El liderazgo hoy: menos jerarquía, más iniciativa
Según McKeown, el modelo de los años 50, muy jerarquizado y restrictivo, ha cambiado. La aparición de trabajos paralelos y proyectos personales ha llevado a mucha gente a tomar la iniciativa fuera del empleo formal, y a preguntarse por qué no hacerlo también dentro.

Este fenómeno ha abierto espacio al empoderamiento: empleados que actúan sin esperar a órdenes y que demuestran liderazgo con hechos, no con credenciales.
Actuar antes de recibir el cargo
McKeown recuerda una experiencia al abrir una oficina en San Francisco. Tras entrevistar a varios candidatos, descubrieron que su asistente —a quien llama Allison en el libro— ya hacía el trabajo que necesitaban. La contrataron y acertaron.
La lección fue clara: es más efectivo demostrar liderazgo en el día a día que esperar a que te nombren. En su primer puesto le dijeron algo similar: “Aquí no hacemos socios, los reconocemos”. Desde entonces aconseja que quien quiere liderar, actúe como tal en la medida de lo posible.
Horas, retiro y definiciones equivocadas
Para McKeown el número de horas no define a un buen líder. Se puede liderar trabajando ocho horas al día si se dominan lo básico: gestión del tiempo, correos y reuniones eficientes. Creer que el liderazgo exige 60 horas semanales suele indicar un problema de enfoque.
Sobre la retirada, señala que depende del tipo de persona. Algunos visionarios encuentran difícil desconectar, pero otros líderes se jubilan satisfechos; McKeown recibe regularmente mensajes de quienes lo hacen con calma y orgullo.
¿Volvería a elegir este camino?
La respuesta es afirmativa. Su talento, dice, está en reconocer patrones y ayudar a otros a verlos. Disfruta ofreciendo herramientas prácticas a quienes quiere acompañar. Solo lamenta no haber descubierto antes que esa era su habilidad, para haber empezado antes.












