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En un mercado laboral que ya no garantiza empleos para toda la vida, reinventarse profesionalmente se ha vuelto una decisión habitual incluso pasado los 50. Tres expertas —Àngels Fitó (rectora de la UOC), Xavier Surós Jané (gerente de Volkswagen Group Academy) y Gina Aran (profesora en Esade, CEO de Inginium Consultores y fundadora de Improntum)— explican a La Vanguardia por qué formarse de nuevo puede ser clave para seguir siendo relevante y cómo abordarlo con éxito.
Por qué formarse después de los 50
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La idea de que estudiar corresponde solo a una etapa de la vida sigue vigente en muchas personas. Esa percepción, combinada con el miedo a no estar a la altura, suele bloquear el primer paso hacia la formación, más que la falta de capacidad.

Los expertos coinciden en que la forma de aprender cambia con la edad. Gina Aran distingue entre inteligencia fluida, ligada a la velocidad de procesamiento y más propia de la juventud, y inteligencia cristalizada, que gana peso con los años porque se basa en la experiencia acumulada y en el reconocimiento de patrones. A partir de los 50, el aprendizaje tiende a ser más crítico y conectado con vivencias previas.
En ese contexto, la motivación emerge como condición básica para progresar. Àngels Fitó destaca que seguir aprendiendo responde también al deseo de comprender mejor el entorno y de participar activamente en él.
Señales de que ha llegado el momento de reinventarse
Una señal clara es cuando la experiencia deja de producir los mismos resultados. Según Gina Aran, ese desfase entre lo que se sabe y lo que el mercado demanda marca el momento de plantearse un cambio.
Xavier Surós recomienda prestar atención al propio discurso profesional: si uno habla más de logros pasados que de proyectos actuales, puede ser indicio de estancamiento. Los tres coinciden en no esperar a tener tiempo libre o a sufrir una crisis: adelantarse al cambio permite tomar el control de la trayectoria laboral.
Errores habituales al plantear una reorientación
Un fallo recurrente es querer empezar desde cero sin reconocer el valor de lo ya aprendido. Ignorar la trayectoria previa desperdicia recursos y oportunidades.

Formarse sin una estrategia definida es otro error frecuente. Àngels Fitó recuerda que aprender no es sólo utilidad laboral: también responde a la curiosidad, el bienestar o la realización personal. Por su parte, Gina Aran advierte contra la impaciencia; la reorientación y sus resultados requieren tiempo.
La falta de flexibilidad también puede truncar una reinvención. Abrirse a caminos alternativos y combinar competencias nuevas con la experiencia previa suele dar mejores resultados que buscar una réplica exacta de lo anterior.
Perfiles con más probabilidades de éxito
Quienes mejor se adaptan no son necesariamente los más brillantes, sino los más curiosos. La capacidad de seguir aprendiendo y de aplicar lo aprendido marca la diferencia.
En los próximos años, subrayan los entrevistados, tendrán especial peso las competencias digitales y la disposición a actualizar conocimientos. El mercado valora tanto lo que ya se sabe como la habilidad para incorporar competencias nuevas.
Para Fitó, mantener la actividad intelectual y cuidar el desarrollo personal son en sí mismos ventajas competitivas: aprender debe entenderse como un modo de permanecer conectados con un mundo en cambio, no como una prueba.
La lección central es clara: la edad no determina la capacidad de aprender; la decisión, la estrategia y la curiosidad sí. Formarse con propósito y con tiempo para consolidar nuevos hábitos aumenta las posibilidades de éxito profesional a largo plazo.












